Mary Oliver, maga de la naturaleza



Examinando los preceptos de naturaleza, medioambiente y ecofeminismo desde la producción literaria y cultural, descubro una de las poetas estadounidenses más famosas, Mary Oliver y su poema Wild Geese o Gansos Salvajes en español.


Mary Oliver (10 de septiembre de 1935-17 de enero de 2019) fue una poeta estadounidense que ganó el National Book Award en 1992 con New and Selected Poems, y el Pulitzer Prize en 1984 con su quinta colección de poesía, American Primitive. Mary Oliver fue una "guía infatigable del mundo natural, particularmente de sus aspectos menos conocidos", escribió otra poeta, Maxine Kumin, en Women’s Review of Books.

Pensando en mi aquí y ahora, mi primera impresión sobre el poema Wild Geese (2004) de Mary Oliver es que no estamos solos. A pesar de la desesperación, las disoluciones, las limitaciones, la soledad y el miedo que nos trae el cambio inevitable, las situaciones son un estado mental fugaz. Nuestros pensamientos pueden ser nuestro peor enemigo y para poder pasar a otro nivel, la fe en nosotros mismos y nuestra inquieta imaginación pueden hacernos volar alto. Libres y gregarios al mismo tiempo, como esa manada de gansos salvajes en el cielo, como criaturas privilegiadas de la naturaleza, podemos convertirnos en fuente de sabiduría infinita

Reflexionando sobre este momento en particular, el poema me inspiró a pensar que el mundo entero se enfrenta actualmente a desafíos insospechados, y algunas naciones, a liderazgos políticos desafortunados. No tenemos ningún lugar adonde ir o volar libres, si no nos mantenemos unidos y buscamos relaciones humanas más estrechas medio de una pandemia. Covid-19 nos ha aislado en estos tiempos impredecibles y poco fiables, y poder lograr un equilibrio equitativo e igualitario para convivir con el otro y en nuestro hogar, la tierra, debe ser nuestro foco principal.

El virus ha desenmascarado la indiferencia, la hipocresía, el abandono, la discriminación y la corrupción. El medio ambiente nos reclama para que nos ocupemos de los inconmensurables riesgos que enfrentan nuestra tierra, agua y aire. Pero si reina el miedo, nuestra incapacidad para encontrar el camino nos vuelve más ansiosos, enojados y desconfiados en un mundo en el que el engaño y la mentira son las reglas, y pocos pueden ver las consecuencias.

No es esconderse en las oscuras olas y nubes grises, sino emerger para que todos podamos vernos. Todavía hay un cielo azul colgando sobre nuestras cabezas.